Enfermedad de Alzheimer

Actualizado: 13 de nov de 2019


Con motivo del Día Internacional del Alzheimer, desde Oroi os damos respuesta a algunas de las cuestiones más comunes acerca de esta enfermedad.



¿Qué es?


La Enfermedad de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa [1] que se caracteriza por la presencia de deterioro cognitivo y conductual de inicio insidioso y curso progresivo de aparición en la edad adulta [2], ¿qué quiere decir esto? Que las neuronas de una persona que sufre de Alzheimer se irán degenerando/muriendo progresivamente, lo cual conllevará problemas cognitivos y/o motores.




¿Qué consecuencias tiene?


Uno de sus síntomas más tempranos es el déficit de memoria. Por lo general, el paciente empeora progresivamente, mostrando otros déficit cognitivos como: apraxia (incapacidad para vestirse), afasia (incapacidad para la producción/comprensión del lenguaje), desorientación e incapacidad para el razonamiento, lo que conlleva un deterioro del individuo en todos los sentidos [3,4,5].



¿Cómo se trata?


Actualmente no existe cura para la Enfermedad de Alzheimer, sin embargo, mediante fármacos, estimulación cognitiva y orientación familiar [6], se intenta disminuir el progreso de la enfermedad, mejorar los problemas de comportamiento, confusión y agitación, modificar el ambiente del hogar y apoyar a los miembros de la familia y otras personas que brindan cuidados [3].


Respecto a las terapias no farmacológicas, se ha observado que la combinación de ejercicios cognitivos y la práctica de ejercicio mejoran las funciones cognitivas y el estado funcional de las personas mayores [7].


Se ha comprobado que las intervenciones basadas en apoyo y formación del cuidador logran retrasar la institucionalización de la persona con Alzheimer [8].



¿Qué factores predisponen a padecerla?


La edad es en la actualidad el principal marcador de riesgo de la enfermedad, de tal forma que la prevalencia de la enfermedad se duplica cada 5 años a partir de los 60 años de edad; pasa del 1% entre los 60 y 65, al 4,3% a los 75, hasta llegar al 28,5% a los 90 años [4].


Aunque el factor de riesgo más importante es el envejecimiento, el segundo factor de riesgo es la historia familiar de la enfermedad. Aproximadamente el 40% de los individuos afectos presenta historia familiar de Enfermedad de Alzheimer [9].


Por otra parte, la Enfermedad de Alzheimer se da en mayor medida entre las mujeres que entre los hombres, aunque probablemente esto pueda deberse a una mayor expectativa de vida por parte de las mujeres [4].


Asimismo, se ha comprobado un incremento de esta enfermedad entre las personas con menor educación [4].



¿Qué puedo hacer para prevenirla?


Alimentación sana

El consumo de antioxidantes parece ser neuroprotector y puede mitigar el declive cognitivo relacionado con la edad, así como el consumo semanal de pescado y de otras fuentes alimenticias de ácidos grasos omega3 [4,10,11].

Se ha comprobado que en aquellos países en los que la ingesta calórica diaria es baja, presentan una incidencia de Enfermedad de Alzheimer menor que en aquellos en los que esta ingesta es mayor [4].


Ejercicio físico

La actividad física cuenta con múltiples estudios observacionales longitudinales que han mostrado un efecto protector, retrasando el comienzo y ralentizando la progresión de la enfermedad [12,13].

El ejercicio realizado mediante bicicleta estática o caminar un mínimo de 20 minutos diarios ha mostrado mejoras en el nivel cognitivo [14].


Estimulación cognitiva

Son muchos los estudios que demuestran que la estimulación cognitiva enlentece la progresión del deterioro cognitivo en las personas mayores [15].

Este tipo de intervenciones ha logrado enlentecer el declive intelectual y reducir las alteraciones de conducta de los pacientes con demencia, mejorando así la percepción de la calidad de vida de los pacientes y de sus familias [16].


Referencias

1. Rodriguez, J. & Hernández, M. (2002). Actualización sobre la enfermedad de Alzheimer. Revista Cubana de Medicina General Integral, 18(4): 264-269.

2. Valls-Pedret, C., Molinuevo, J.L., Rami, L. (2010). Diagnostico precoz de la Enfermedad de Alzheimer: fase prodrómica y preclínica. Revista de Neurología, 51(8): 471-480.

3. Romano, M.F., Nissen, M.D., Del Huerto, N.M. & Parquet, C.A. (2007). Enfermedad de Alzheimer. Revista de Posgrado de la Vla Cátedra de Medicina, 175: 9-12.

4. Barranco-Quintana, J.L., Allam, M.F., Del Castillo, A.S., Navajas, R.F.C. (2005). Factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer. Revista de Neurología, 40(10): 613-618.

5. Algado, M.T., Basterra, A. & Garrigós, J.I. (1996). Envejecimiento y enfermedad de Alzheimer. Reis, 81-103.

6. Donoso, A. (2003). La enfermedad de Alzheimer. Revista chilena de neuro-psiquiatria, 41(2): 13-22.

7. Matilla-Mora, R., Martínez-Piédrola, R.M., Fernandez, J. (2016). Eficacia de la terapia ocupacional y otras terapias no farmacológicas en el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 51(6): 349-356.

8. Olazarán, J., Reisberg, B., Clare, L., Cruz, I., Peña-Casanova, J., Del Ser, T., Woods, B., Beck, C., Auer, S., Lai, C., Spector, A., Fazio, S., Bond, J., Kivipelto, M., Brodaty, H., Rojo, J.M., Collins, H., Teri, L., Mittelman, M., Orrell, M., Feldman, H.H., Muñiz, R. (2010). Eficacia d elas terapias no farmacológicas en la Enfermedad de Alzheimer: una revisión sistemática. Dementia and Geriatric Cognitive Disorders, 30(2): 161-178.

9. Setó-Salvia, N., Clarimón, J. (2010). Genética en la enfermedad de Alzheimer. Revista de Neurología, 50(6): 360-364.

10. Lanyau, Y. (2009). La dieta en la enfermedad de Alzheimer. Revista Cubana de Salud Pública, 35(4): 55-64.

11. Herman, H., Alanís-Garza, J.A., Estrada, M.F., Mureyko, L.L., Alarcón, D.A., Ixtepan, L. (2015). Nutrición que previene el estrés oxidativo causante del Alzheimer. Prevención del Alzheimer. Gaceta médica de México, 151: 245-251.

12. Toledo, J. (2011). Epidemiología descriptiva y analítica de la Enfermedad de Alzheimer. Revista Alzheimer, 47: 16-23.

13. Franco-Martín, M., Parra-Vidales, E., González-Palau, F., Bernate-Navarro, M., Solis, A. (2013). Influencia del ejercicio físico en la prevención del deterioro cognitivo en las personas mayores: revisión sistemática. Revista de Neurología, 56(11): 545-554.

14. Nascimento, C.M.C., Varela, S., Ayan, C., Cancela, J.M. (2016). Efectos del ejercicio físico y pautas básicas para su prescripción en la enfermedad de Alzheimer. Revista Andaluza de Medicina del Deporte, 9(1): 32-40.

15. Olivera-Pueyo, J., Pelegrín-Valero, C. (2015). Prevención y tratamiento del deterioro cognitivo leve. Psicogeriatria, 5(2): 45-55.